lunes, 8 de octubre de 2018

RESEÑA DE "BREVE HISTORIA DEL BARROCO"


TARANILLA DE LA VARGA, C. J.: “Breve historia del Barroco”. Madrid: Editorial Nowtilus, 2018.

 En este nuevo título de la colección Breve Historia encontramos una síntesis rigurosa y bastante detallada de un movimiento artístico y cultural que se desarrolló durante aproximadamente siglo y medio (desde el s. XVII a la primera mitad del XVIII). Desde su foco italiano, se extendió por Europa Occidental y su influencia llegó al mundo hispanoamericano. El arte Barroco  durante mucho tiempo se consideró un arte decadente, una especie de puente entre el Renacimiento del s. XVI y el Neoclasicismo del XVIII, su valoración y la reivindicación como un arte coherente e imaginativo no ha llegado hasta el s. XX. Un estilo que, dada su larga perduración en el tiempo, evolucionó como no podía ser menos de forma significativa, desde sus inicios al Rococó. 

El autor, en primer lugar, va a enmarcar el Barroco en su contexto religioso (Contrarreforma tras el Concilio de Trento), político (monarquía absoluta en el s. XVII y su evolución al Despotismo Ilustrado en el XVIII, alianzas, guerras, tratados…), económico (mercantilismo), social (estructura estamental de la sociedad) y científico (grandes avances en astronomía, medicina, filosofía…). Solo así se pueden entender muchas de las grandes creaciones en arquitectura, pintura y escultura de este estilo. El arte Barroco responde a los intereses propagandísticos de la Iglesia de la Contrarreforma y de la todopoderosa monarquía absoluta. En arquitectura, iglesias y palacios con su decoración (pintura y escultura) son sus principales realizaciones. Aunque no hay que olvidar sus actuaciones urbanísticas como grandes plazas o fuentes monumentales.

Como paso previo al análisis del Barroco en los diferentes países, el autor hace un estudio de las principales características y los nuevos planteamientos: materiales, temas, tendencia al movimiento, formas abiertas y atrevidas, triunfo de la línea curva, profundidad, dinamismo, pasión, gran poder expresivo, sentido de la teatralidad, implicación del espectador, creciente exuberancia decorativa…

El grueso del libro es un repaso al Barroco en los principales países europeos, señalando las peculiaridades de cada uno, los autores y sus principales creaciones. Comienza por la cuna del movimiento, Italia (Roma, la “ciudad triunfante”). Sin olvidar a otros muchos autores, va analizar de manera más detallada las figuras estelares de Bernini y Borromini y la pintura de Caravaggio cuyo tenebrismo tanta influencia ejerció en otros pintores. Dedica capítulos al Barroco francés  donde, aparte de las grandes iglesias y plazas parisinas, destaca la abundante arquitectura palaciega que tiene su punto culminante en Versalles, máxima expresión del poder absoluto de la monarquía; a la pintura barroca de Flandes y los Países Bajos tan variada en temática y enfoques (Rembrandt, Rubens, Vermeer, van Dyck, Franz Hals, Ruysdael…); al Barroco anglosajón y a la arquitectura en el centro y norte de Europa.

El autor dedica tres capítulos al Barroco español marcado por su religiosidad y realismo. A pesar de las graves dificultades políticas y económicas por las que atravesó España en esta época, hubo un florecimiento sin igual de las artes y las letras. Analiza el clasicismo del primer Barroco: la arquitectura, sus autores, escuelas regionales y obras; la peculiar imaginería española donde lo religioso,  las esculturas de reyes y altas personalidades y la escultura funeraria son las temáticas que se imponen; la escultura castellana de retablos y pasos procesionales (destacando la figura de Gregorio Fernández); las realizaciones de la escuela andaluza. Dedica otro capítulo a la pintura española en su cumbre cuyas obras más importantes  responden a encargos de la Iglesia, la realeza o la nobleza, sin olvidar lienzos que plasman la realidad cotidiana incluso en toda su crudeza:  Ribera, Zurbarán, Murillo, Valdés Leal y, sobre todos ellos, Velázquez. El tercer capítulo de los dedicados a España trata del Barroco monumental del s. XVIII: importantes obras en algunas grandes catedrales, palacios (Palacio Real de Madrid como obra cumbre, Palacio de La Granja de San Ildefonso), plazas mayores como una de las grandes aportaciones españolas a la historia del urbanismo (Valladolid, Madrid, León, Salamanca…), el estilo churrigueresco, la imaginería policromada y sus variedades regionales.

Cierra la obra un capítulo dedicado al Rococó,  una exageración de la ornamentación barroca que obedece al amor y al lujo de los altos estamentos del XVIII.

Un buen repertorio de imágenes y un amplio glosario de 20 páginas ayudan a interpretar ciertos conceptos de la obra.

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