lunes, 31 de agosto de 2015

EL 18 BRUMARIO DE NAPOLEÓN BONAPARTE (9 de noviembre de 1799)


Tras su desembarco en Fréjus el 9 de octubre, Napoleón emprendió camino hacia París donde entró triunfalmente el día 16. 

El día 18 de brumario del año VIII de la República (9 de noviembre de 1799) Napoleón Bonaparte, aprovechando la debilidad política del Directorio, dio un sorprendente golpe de Estado contando con el apoyo del pueblo y del ejército (fascinado por su talento demostrado en sus campañas) y de algunos políticos-ideólogos  como Sieyès o Talleyrand. El  momento era propicio, un Directorio desacreditado e incapaz de solucionar los problemas parecía fácil de derribar.

Ese día fue convocado con carácter de urgencia el Consejo de los Ancianos para tratar una presunta conspiración de los jacobinos contra el gobierno. El Consejo tomó el acuerdo de trasladar ambas Cámaras a Saint-Cloud por motivos de seguridad y nombrar a Napoleón Bonaparte jefe de la fuerza pública (una decisión que, legalmente, correspondía al Directorio). Así pues el Consejo de los Ancianos se mostró favorable a Napoleón. Al mismo tiempo dimitieron los directores Sieyés, Ducos y Barras.



Pero el Consejo de los Quinientos se mostraba hostil. Éste se presentó ante la cámara rodeado de sus generales y de un pelotón de granaderos. Los diputados protestaron porque no tenía derecho a entrar si no había sido requerido. Se escucharon gritos de “¡Fuera de la ley!”, “¡Abajo el dictador!” Fue necesaria la actuación de su hermano, Luciano Bonaparte, Presidente de los Quinientos, para que Napoleón no fuera declarado fuera de la ley. 

Bouchot - Le general Bonaparte au Conseil des Cinq-Cents.jpg
Napoleón abucheado en Los Quinientos


Napoleón fue llevado en volandas por sus granaderos.Ya fuera, arengó a sus tropas y logró convencerlas para que se pusieran de su parte. Una columna de soldados, mandados por Murat y Leclerc, acudiendo al llamamiento de Luciano Bonaparte, entraron a golpe de tambor en la sala  de los Quinientos y los diputados se dispersaron, muchos saltaron por las ventanas.

Al día siguiente Napoleón, recurriendo a la coacción personal, consiguió que algunos miembros de los Ancianos decidieran confiar el gobierno a una "comisión consular ejecutiva" provisional compuesta por tres Cónsules: Sieyés, Ducós y Napoleón, éste con poder sobre los otros dos (arguyendo que se debía comenzar el mando por orden alfabético).  Así surgió el Consulado que reemplazó al Directorio


Fouché, en sus Memorias, relata así el Golpe de Brumario:

El 19 Brumario La sesión se abrió en el Consejo de los Quinientos, que presidía Luciano Bonaparte, con un discurso insidioso de Emile Gaudin, orientado a hacer nombrar una Comisión encargada de presentar un informe sobre la situación de la República. Emile Gaudin pedía además, en su moción, que no se tomase ninguna determinación sin haber conocido el informe de la comisión propuesta. Pero apenas Emile Gaudin había hecho su propuesta cuando una espantosa tormenta agitó toda la sala. Los gritos de “¡Viva la Constitución! ¡No a la dictadura! ¡Abajo el dictador!” se extendieron por toda la sala. A propuesta de Delbrel, apoyado y animado por Grandmaison, la Asamblea se levantó unánimemente al grito de “¡Viva la República!”, decidiendo que debía renovarse individualmente el  juramento de fidelidad a la Constitución. Prestaron el juramento incluso los mismos que habían ido con el proyecto previo de destruirla

La Sala de los Ancianos estaba casi tan agitada como la otra [...] Bonaparte, enterado de esta doble tempestad, juzga llegado el momento de entrar en escena. Atraviesa el salón de Marte y entra en el Consejo de Ancianos. Allí, en un discurso verboso y entrecortado, declara que ya no existe Gobierno y que la Constitución por sí sola no puede salvar a la República [...]. Recobró la serenidad al oír los gritos de “¡Viva Bonaparte!”, y al ver que tenía el asentimiento de la mayoría de los Ancianos, entonces salió con la esperanza de causar la misma impresión en los Quinientos.  Acababa de decretarse un mensaje al Directorio. Se hacía la moción de demandar a los Ancianos la comunicación de los motivos del traslado a Saint-Cloud, cuando se recibió la noticia de la dimisión del director Barras transmitido por el otro Consejo. Esta dimisión, ignorada hasta entonces, causó un gran asombro en la Asamblea. Se la consideró como el resultado de una profunda intriga. En el momento mismo en que se trataba la cuestión de saber si la dimisión era legal y formal, llegó Bonaparte seguido de un pelotón de granaderos. Con cuatro de ellos avanzó hacia el interior, dejando el resto en la entrada de la sala. 

Enardecido por la recepción del Consejo de Ancianos, confiaba en dominar la fiebre republicana que agitaba a los Quinientos. Mas apenas había penetrado en la sala, cuando la más grande agitación se apoderó de los presentes. Todos los miembros, en pie, prorrumpieron en gritos por la profunda impresión que les causaba la aparición de las bayonetas y del general que entraba militarmente en el templo de la legislatura: “¡Violáis el santuario de las leyes, retiraos!”, le decían muchos diputados; “¿Qué hacéis, temerario?”, le gritaba Bigonnet [...]

En vano Bonaparte, llegado a la tribuna, quiso balbucear algunas frases. Desde todas partes oía
repetir los gritos de “¡Viva la Constitución! [...[ ¡Viva la República!” Desde todos los lados se le apostrofaba: “¡Abajo Cromwell! ¡Abajo el dictador! ¡Abajo el tirano! ¡Fuera de la ley el dictador!”, le gritaban los diputados furiosos; algunos se lanzaban sobre él y le rechazaban. “¡Tú harás la guerra a tu patria!”, le gritó Arena mostrándole la punta de su puñal. Los granaderos, viendo vacilar y palidecer a su general, atravesaron la sala para darle protección; Bonaparte amparándose entre sus brazos, se marchó. Así libre, volvió a montar a caballo y al galope se dirigió hacia el puente de Saint-Cloud, gritando a sus soldados: “¡Ellos me han querido matar! ¡Ellos han querido ponerme fuera de la ley! ¡No saben que yo soy invulnerable, que soy el dios del rayo!” [...]

Bonaparte entonces volvió grupas y se presentó de nuevo a sus soldados tratando de excitar a los generales a acabar aquello con un golpe de mano [...]. Luciano, inspirando a Napoleón toda su energía, montó a caballo, y en calidad de su presidente pide el concurso de la fuerza para disolver la Asamblea. Llevó consigo a los grandes granaderos, que forman en columnas apretadas, conducidos por Murat a la sala de los Quinientos, y se dio el toque de carga. La sala fue invadida a tambor batiente, y los diputados tiraron las togas y saltaron por las ventanas. 
Tal fue el desenlace de la jornada de Saint-Cloud (19 de Brumario = 10 de noviembre).


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