miércoles, 15 de febrero de 2017

RUSIA TRAS LA REVOLUCIÓN DE 1905: LAS DUMAS Y LAS REFORMAS DE STOLYPIN


En el Manifiesto de Octubre de 1905 el Zar prometió la convocatoria de elecciones a la Duma (Parlamento). Cuando se sintió más fuerte tras controlar la revolución, mostró su verdadera cara y comenzó a dar marcha atrás,  anunció que la Duma no tendría competencias en: política exterior, aprobación de los presupuestos, la formación de gobierno... Además, compartiría el poder legislativo con un Consejo de Estado nombrado por el Zar que tendría derecho a veto sobre la labor de la Duma y  la podría disolver. Es decir, las prometida Duma era un órgano sin relevancia política alguna.

En 1.906 se eligió la primera Duma mediante voto indirecto y desigual, los terratenientes tenían una representación proporcional mucho más amplia mientras que las ciudades (donde el voto era más difícil manipular) vieron muy reducida su representación. No hubo candidatos del Partido Socialrevolucionario ni  de los Socialistas. Como se puede observar en la tabla que sigue, ganó las elecciones el Partido Constitucional Demócrata (Kadet). Hubo 94 diputados campesinos que no pertenecían a ningún partido. Lo más destacado fue la severa derrota de los gubernamentales del Partido Octubrista.


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La Duma se reunió  el 27 de abril de 1906, La ceremonia de apertura no puso ser más fría. Nada más reunirse, el Partido Kadet exigió varios cambios: sufragio masculino universal, responsabilidad de los ministros ante la Duma, legislación agraria, desaparición del Consejo de Estado, amnistía... Los diputados campesinos pidieron un reparto de la propiedad de la tierra.  La respuesta del Zar fue disolver la Duma dos meses después (el inspirador de esta medida fue el Ministro Stolypin). Muchos miembros del Partido Kadet tuvieron que abandonar el país.

En 1.907, se eligió la segunda Duma. El Gobierno intento controlar las elecciones, a pesar de ello, socialistas Mencheviques y Socialrrevolucionarios participaron y obtuvieron más de 90 escaños. El Partido Kadet perdió muchos escaños y el Partido Octubrista mejoró muy poco. Esta Duma no era del agrado del Zar, había muchos diputados revolucionarios. El Zar decidió actuar y detuvo a 50 diputados tildados de revolucionarios y pidió a su ministro Stolypin que reformara el reglamento electoral. La Duma acabó a los seis meses.

Si alguien había albergado el sueño de la existencia de una Duma democrática podía darlo por finalizado. Se eligió una tercera Duma (1907-1912) en la que se redujo drásticamente la presencia de los diputados de izquierda y un auge de los del Partido Octubrista que Stolypin quería fueran fieles cooperadores del Gobierno. Una Duma obediente a los deseos del Zar. En la cuarta Duma (1912-1916) se atomizó más el voto, pero la presencia de la izquierda revolucionaria siguió siendo muy pequeña.


LAS REFORMAS DE STOLYPIN
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Muchos funcionarios pensaron que el modo de acabar con la revolución era realizar reformas controladas desde el poder. El defensor de esta teoría fue el Ministro Stolypin (1.906-11), quería hacer reformas pero sin poner en peligro la autocracia Zarista. 

Stolypin quiso convertir a las clases propietarias en amigos del Estado. Veía necesario acometer una reforma agraria y como creía que los MIR (que explotaban colectivamente las tierras) eran fuente de inquietud e inestabilidad decidió sustituir los MIR por un sistema de propiedad individual, así que permitió a los campesinos que vendiesen sus tierras y abandonasen los MIR cuando quisiesen. Pretendía consolidar una clase de campesinos acomodados (Kulaks) y medios, amiga del Estado y enemiga de toda revolución. Además, creía que la tierra sería cultivada más eficazmente y, por lo tanto, aumentaría la producción. Esta disposición aceleró la corriente migratoria hacia las ciudades. Aunque su éxito no fue el esperado, entre 1.907 y 1.916, unas 6.200.000 familias (de unos 16 millones) abandonaron los MIR. También impulsó la colonización de Siberia.

Stolypin pensaba que los nacionalistas rusos eran el corazón del Imperio y, por ello, ser sus dirigentes, así que recortó la autonomía a polaxos, finlandeses y otras nacionalidades.

Tuvo muchas dificultades, al tenue apoyo del Zar (en círculos cortesanos se veía a Stolypin como un político ambicioso que socavaba los cimientos del zarismo) se sumó la fuerte oposición de los Socialdemócratas y de la extrema derecha ultranacionalista. Stolpin fue asesinado en 1.911, en un teatro de Kiev y en presencia de los Zares, no sobrevivió al undécimo atentado. Le disparó un socialista revolucionario, Dimitri Bogrov, que, según rumores del momento, contó con la colaboración de la Okrana, la policía zarista. 

lunes, 13 de febrero de 2017

BREVE HISTORIA DE LA GESTAPO


VILCHES AGÜERA, S. “Breve historia de la Gestapo”. Edit. Nowtilus. Madrid, 2016.


Esta obra es algo más que una historia de la Gestapo, es la historia de la represión étnica, política y social en  Alemania  y sus países anexionados y conquistados protagonizada por los nazis. La Gestapo, uno de los pilares de la totalitaria dictadura de Hitler, fue uno de los brazos más importantes de esta brutal represión que, aún hoy, despierta fuertes sentimientos de repulsa.

Tras hacer un repaso a la formación de la ideología nazi y de las condiciones que hicieron posible el ascenso del Partido Nazi al poder, la autora va a tratar detenidamente el papel de la Gestapo al servicio de la dictadura nazi. La Gestapo se creó en abril de 1933, poco después de la llegada de Hitler al poder y del incendio del Reichstag que desató una persecución política de comunistas y socialistas.  Se tomó como modelo la policía prusiana creada en 1848 para vigilar la vida política, perseguir a la oposición y eliminar disidencias. Las actuaciones de la Gestapo no estaban sujetas a la ley, de ahí que se caracterizasen por un tan alto grado de arbitrariedad y brutalidad que logró crear un clima de terror en la sociedad, era el ojo que vigilaba todo, “la mirada alemana” y todos podían sentirse amenazados.

A lo largo del libro,  Sharon Vilches va a hacer un detallado repaso a los principales cometidos y actuaciones de la Gestapo a lo largo de su historia. La represión política fue una de las primeras tareas que realizó, su misión fue la elaboración  de listas y detención de los afiliados a partidos (especialmente del Partido Socialista y del Partido Comunista) y sindicatos declarados ilegales. La Gestapo realizó también una labor preventiva, la denominada “custodia preventiva”, es decir la retención de cualquier persona que, a pesar de su carácter temporal se podía transformar en una prisión continua. También participó en la eliminación de disidencias dentro del movimiento nazi, por ejemplo en la Noche de los Cuchillos Largos.

Otro de los cometidos de la Gestapo fue velar por las disposiciones relativas a mantener la pureza racial, una de las metas del nazismo desde sus inicios. La Gestapo se ocupó de identificar y detener a los enemigos de la raza aria: judíos, homosexuales (elaboración de las denominadas “listas rosa”), gitanos (se ejecutó a unos 200.000 en la Europa bajo control nazi), discapacitados, antisociales, etc. y eliminarlos de la vida política y social. Lo relacionado con los judíos, como no podía ser menos, tiene un tratamiento especial en la obra, la Gestapo colaboró activamente en la creación de guetos, la deportación de judíos a los campos de concentración y exterminio, los asesinatos masivos, etc.; en definitiva, en la ejecución de la denominada “solución final” para la eliminación del pueblo judío en los territorios ocupados por los nazis.

El 27 de septiembre de 1939, iniciada ya la Guerra, se creó la Oficina de Seguridad del Reich (RSHA) que, controlada por Himmler y Heydrich, integraba todos los servicios de seguridad alemanes. La RSHA se organizó en siete departamentos (Amt); uno de ellos, el IV, era el de la Gestapo dirigido por Muller. Dentro del Amt IV existían a su vez varias secciones.

Cuando estalló la II Guerra Mundial se ampliaron los cometidos de la Gestapo que acompañó a los ejércitos invasores con la misión de acabar con las disidencias y realizar la limpieza étnica y racial en los territorios conquistados. El escenario bélico fue ideal para que la Gestapo desarrollara sus técnicas más inhumanas: elaboración de listas de sospechosos y detenciones arbitrarias, brutales interrogatorios, torturas, envío a campos de concentración y exterminio, etc. También recopiló información para enviar trabajadores  esclavos a las fábricas alemanas.  Para llevar adelante esta labor represiva, contó con la ayuda de colabores autóctonos, espías y agentes infiltrados. Tuvo actuaciones destacadas en este sentido durante las campañas de Polonia y Rusia, aunque actuó en otros muchos países europeos.

Otra actuación de la Gestapo estuvo relacionada con la realización del Programa Aktion T4 que, puesto en marcha en octubre de 1939, tenía como objetivo practicar la eutanasia a aquellas personas “no merecedoras de vivir” (personas que padecían enfermedades mentales, síndrome de Down, epilepsia, homosexuales…). Muchos de ellos fueron detenidos por la Gestapo. Para su realización se emplearon inyecciones letales, duchas de gas… El programa desapareció en 1941, aunque se siguió practicando en los campos de concentración.

Durante la Guerra, en el interior de Alemania la Gestapo se ocupó de vigilar y detener a disidentes, conspiradores (hubo unos cuarenta intentos de asesinar a Hitler), derrotistas o poco patriotas. Cuando comenzaron los reveses bélicos, en Alemania se prohibió escuchar emisoras extranjeras que pudiesen informar sobre la realidad del frente.

En los momentos finales de la Guerra fue bombardeada la sede de la Gestapo en Berlín. Los agentes que se encontraban allí en ese momento se afanaron en destruir documentación y eliminar a los detenidos, no había que dejar pruebas. Eisenhower disolvió la Gestapo de forma oficial. El  número de componentes de la Gestapo resulta dudoso de determinar aún hoy; en los juicios de Nuremberg, la acusación lo fijó en 50.000 y la defensa en 20.000, una cifra aceptable estaría entre 30.000 y 35.000.

La autora se ocupa de otras muchas cuestiones como el papel de Göring y Himmler en la configuración del cuerpo, la colaboración de la sociedad alemana, la comparación de la Gestapo con otras policías de momento, la desnazificación y los Juicios de Nuremberg...

Una obra rigurosa cuya lectura nos debe ayudar a reflexionar y a tratar de evitar, cada uno en su medida, a que actuaciones como la Gestapo y los regímenes que las amparan no tengan cabida en la vida política y social nunca más.

La obra en la Web de la Editorial:



sábado, 11 de febrero de 2017

LA REVOLUCIÓN RUSA DE 1905 (II): CONSECUENCIAS


Una primera consecuencia de la Revolución de 1905 fue la creación de los soviets. Soviet significa "consejo". Fueron organizaciones o asambleas que agrupaban a delegados de obreros, campesinos o soldados. El primero fue el de San Petesburgo (1 de octubre de 1903) cuyo promotor fue L. Trotski. A través de su órgano de expresión, "Izvestia", pedía libertad de prensa y de asociación, jornada laboral de ocho horas, control de los impuestos, los transportes y las comunicaciones... Este soviet obrero  se convirtió en una forma de poder revolucionario. En octubre promovió una huelga general que se extendió por varias ciudades dejando al país paralizado.

Los soviets fueron extendiéndose por todas las ciudades del país y también en las unidades militares y en el campo.

En este ambiente, el Zar, para no verse desbordado, publicó el Manifiesto de Octubre que en realidad fue redactado por el ministro Witte (otra consecuencia inmediata de la Revolución de 1905). Tras comenzar reafirmando la soberanía del Zar, reconocía algunas libertades cívicas (prensa, reunión...), ampliaba la ley electoral y concedía poderes legislativos a una Duma elegida por métodos indirectos censitarios (sin consentimiento de esta Duma no se modificarían las leyes fundamentales). Además, se concedió una amplia amnistía y se cancelaron muchos de los pagos que los campesinos tenían pendientes desde 1861 (liberalización de los siervos) con lo que se convirtieron en propietarios legales de las tierras que cultivaban.

Se promovió la creación de un "Partido Octubrista" que aceptase los compromisos del Manifiesto.


MANIFIESTO DE OCTUBRE “DECRETO IMPERIAL DE 30 DE OCTUBRE DE 1905".

“La agitación, en las capitales y en numerosas regiones de nuestro Imperio, llenan nuestro corazón de una gran pesada pena. El bienestar del soberano ruso es inseparable del bienestar de sus pueblos, y el dolor de éstos es su dolor. El gran voto del juramento imperial Nos ordena esforzarnos con toda la potencia de Nuestra razón, con toda la fuerza de Nuestra autoridad, para poner fin lo más pronto posible a esta agitación tan peligrosa para el Estado (...). Nos, imponemos al gobierno la obligación de ejecutar Nuestra voluntad inflexi-ble:

1º Conceder a la población la libertad civil, establecida de una manera inquebrantable sobre la base de la inviolabilidad personal, y las libertades de conciencia, de reunión y de asociación.

2ª No obstaculizar las elecciones a la Duma Imperial y admitir la participación en las elecciones de las clases de población que han sido privadas hasta ahora del derecho de voto.

3º Establecer una regla inquebrantable que cualquier ley no será efectiva sin la sanción de la Duma Imperial y que los representantes del pueblo tendrán los medios para participar realmente en el control de la legalidad de los actos realizados por los miembros de Nuestra administración.”

http://www.megustaleer.com/libro/la-revolucion-rusa/ES0144261/fragmento/

El Manifiesto fue muy bien recibido por la población; sin embargo, los propósitos de Zar eran otros, pretendía dividir a la oposición, lo que, en cierto modo, consiguió:
  • Los Demócratas Constitucionales (Kadetes) prefirieron aguardar a la reunión de la Duma, aunque desconfiaban de ella, veían una posibilidad de solucionar en ella sus problemas. Dejaron de apoyar a los huelguistas. Muchos estaban asustados por el clima revolucionario. Industriales y terratenientes querían el restablecimiento del orden.
  • Obreros y campesinos no se dieron por satisfechos, los primeros querían más salario y reducción de la jornada y los segundos acceso a la propiedad de la tierra en una mayor proporción.

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La mano manchada de sangre del Zar
sobre el texto del Manifiesto de Octubre

Para Trotski: "Se nos da a Witte, pero Trepor permanece, se nos da una constitución, pero el absolutismo permanece. Se nos da todo, en realidad no se nos da nada".

Lenin criticó duramente el Manifiesto y pidió un boicot a las elecciones. "El 17 de Octubre no ha abierto la perspectiva de una pacífica constitución (esta es una patraña liberal), sino de una guerra civil".

Sin embargo, tras la publicación del Manifiesto, un cierto "aire de libertad" recorrió el País. Los Soviets aprovecharon la ocasión para perfeccionar su red organizativa. Los partidos comenzaron a desenvolverse libremente, incluso los Bolcheviques vieron legalizado su diario y Lenin pudo volver a Rusia.

Pronto se vio claramente que el Manifiesto era un fraude, el gobierno pretendía ganar tiempo. Cuando llegó el ejército de Extremo Oriente comenzó una  feroz represión. 

El ambiente de los dos últimos meses de 1905 era claramente revolucionario. La revolución llegó a muchos lugares y a los soldados:
  • El 8 de noviembre, estalló un motín en la base de Kronstadt. Fue sofocado y se condenó a muerte a los que se consideró "cabecillas" de la misma. La presión de los Soviets hizo que fueran indultados.
  • Hubo un conato de sublevación en Sebastopol entre la tropa del mar Negro.
  • En Moscú, se alzó el Regimiento Rostov, que finalmente fue desarmado.

El miedo a la revolución alentó fuerte reacción derechista. La policía (Okrana) permitía la acción de las "Centurias Negras" que desataban el terror entre los líderes obreros, estudiantes, campesinos, patriotas polacos o finlandeses, judíos, etc. Incluso algunos miembros del Partido Octubrista querían volver a la autocracia. El Gobierno se sumó a esta reacción: represión de las huelgas, detenciones de obreros, cierre de periódicos...

El 5 de diciembre, Moscú  llenó de barricadas. La lucha urbana duró hasta el 18 de diciembre. La siguiente represión fue dura: muchos fusilados y otros muchos desterrados. El ministro Witte organizó una represión que incluso asustó al propio Zar, fue acabando con los focos revolucionarios obreros y mineros del Donnets, cuarteles de S. Petesburgo, Kiev y Moscú. Muchos dirigentes fueron desterrados. Lenin partió nuevamente para el exilio. La revolución había acabado.

http://www.megustaleer.com/libro/la-revolucion-rusa/ES0144261/fragmento/

Haciendo una valoración de la revolución de 1905, Carr señala que fue:

  • Revuelta liberal y constitucionalista Burguesa.
  • Revuelta obrera que llevó a la fundación del primer soviet.
  • Revuelta campesina espontanea.
“Estos tres cabos nunca llegaron a entrelazarse y la revolución fue fácilmente dominada con el coste de algunas concesiones constitucionales, en buena medida irreales” (CARR)

Los Bolcheviques, tras 1905, se replantearon los métodos revolucionarios, reflexionaron sobre la retirada de la burguesía de la revolución una vez conseguidos sus objetivos, sobre la actitud del ejército, sobre la pasividad del campesinado y sobre la desorganización de los obreros. Estas reflexiones iban a servir para su actuación en 1917.

viernes, 10 de febrero de 2017

LA REVOLUCIÓN RUSA DE 1905 (I): CAUSAS Y DESARROLLO



Las causas de esta revolución hay que buscarlas en la situación social, económica y política rusas (ya descritas en entradas anteriores). La derrota ante Japón fue el detonante. Hubo varias huelgas y protestas de estudiantes, obreros y soldados. La revolución fue más bien un movimiento espontáneo, la participación de las fuerzas de izquierda fue tardía y nunca decisiva. Se puede considerar un ensayo de la gran revolución de 1917 ya que los factores determinantes son casi los mismos.

“La Revolución de 1905 no fue sólo el ensayo general de 1917 sino también el laboratorio del cual salieron todos los agrupamientos fundamentales del pensamiento político ruso, donde se conformaron o delinearon todas las tendencias y matices del marxismo ruso”. (Trotsky)

La Revolución tuvo dos manifestaciones: el Domingo Rojo y la sublevación de la marinería del acorazado Potemkin




EL DOMINGO ROJO (enero, 1905)


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Padre Gapón


La Policía había autorizado a un sacerdote, el P. Gapón, para que actuase entre los obreros a fin de contrarrestar la influencia de los revolucionarios. Sin embargo, vista la realidad laboral, este sacerdote  tomó en serio las reivindicaciones de los obreros, decidió encabezar la huelga de la fábrica Putilov (la siderurgia más grande del país) y también dirigir la manifestación hacia el palacio del Zar compuesta por obreros en huelga y sus familiares.

Los obreros de San Petesburgos, con los metalúrgicos a la cabeza, muchos de ellos campesinos sencillos trasladados a las ciudades, creían que si llegaban al Zar ("el Padrecito") les escucharía porque Él estaba por encima de los patronos capitalistas y de los insensibles funcionarios. Así decidieron llevar  al Zar un escrito con sus demandas. Era un domingo de enero de 1905.


DEMANDAS DE LOS OBREROS AL ZAR. DOMINGO, 9 DE ENERO DE 1905

"¡Señor!

Nosotros, trabajadores de San Petesburgo, nuestras mujeres, nuestros hijos y nuestros padres, viejos sin recursos, venimos, ¡oh Zar!, para solicitarte justicia y protección. Reducidos a la mendicidad, oprimidos, aplastados bajo el peso de un trabajo extenuador, abrumados de ultrajes, no somos considerados como seres humanos, sino tratados como esclavos que deben sufrir en silencio su triste condición, que pacientemente hemos soportado. He aquí que ahora se nos precipita al abismo de la arbitrariedad y la ignorancia. Se nos asfixia bajo el peso del despotismo y de un tratamiento contrario a toda ley humana.

Nuestras fuerzas se agotan, ¡oh, Zar! Vale más la muerte que la prolongación de nuestros intolerables sufrimientos. Por eso hemos abandonado el trabajo y no lo reanudaremos hasta que no se hayan aceptado nuestras justas demandas, que se reducen a bien poco, pero que, sin ello, nuestra vi da no es sino un infierno de eterna tortura.

En nuestro primer requerimiento solicitábamos a nuestros patronos que tuvieran a bien interiorizarse de nuestras necesidades. ¡Y lo han rechazado! Hasta el derecho de discutirlas nos ha sido negado, so pretexto de que la ley no nos lo reconoce.

La demanda de ocho horas de jornada también fue tachada de ilegal, así como la fijación de salarios de común acuerdo; (...)

Todas estas reivindicaciones han sido rechazadas por ilegales. El solo hecho de haberlas formulado ha sido interpretado como un crimen. El deseo de mejorar nuestra situación es considerado por nuestros patronos como una insolencia.

¡Oh, Emperador! Somos más de 300.000 seres humanos, pero sólo lo somos en apariencia, puesto que en realidad no tenemos ningún derecho humano. Nos está ve-dado hablar, pensar, reunirnos para discutir nuestras necesidades y tomar medidas para mejorar nuestra situación. Cualquiera de nosotros que se manifieste en favor de la clase obrera puede ser enviado a la prisión o al exilio. Tener buenos sentimientos es considerado un crimen, lo mismo que fraternizar con un desgraciado, un abandonado, un caído. (...)

Tú has sido enviado para conducir al pueblo a la felicidad. Pero la tranquilidad nos es arrancada por tus funcionarios, que no nos reservan más que dolor y humillación.

Examina con atención y sin cólera nuestras demandas, formuladas no para el mal sino para el bien, nuestro bien, Señor, y para el Tuyo. (...)

Rusia es muy vasta y sus necesidades demasiado múltiples para que pueda ser dirigida por un gobierno compuesto únicamente de burócratas. Es absolutamente necesario que el pueblo participe en él, pues sólo él conoce sus necesidades. No le rehuses el socorro a tu pueblo. Concede sin demora a los representantes de todas las clases del país la orden de reunirse en Asamblea. Que los capitalistas y los obreros estén representados. Que los funcionarios, los clérigos, los médicos y los profesores elijan también sus delegados. Que todos sean libres de elegir a quienes les plazca. Permite para ello que se proceda a la elección de una Asamblea Constituyente bajo el régimen del sufragio universal. (...)"


En síntesis, pedían:
  • Poder negociar sus salarios y condiciones de trabajo para mejorarlas.
  • Salario mínimo.
  • Jornada de ocho horas.
  • Convocatoria de una asamblea constituyente elegida por sufragio universal.
Estas peticiones no eran nada revolucionarias en Europa, pero en Rusia, convocar una Asamblea Constituyente por sufragio universal era socavar los cimientos sobre los que se había asentado el zarismo.

Era domingo, el 9 de enero de 1905. Una multitud de hombres, mujeres y niños (unos 200.000, para otros solo 100.000, en el manifiesto se escribe “estamos aquí más de 300.000 almas”) se dirigió al Palacio de Invierno del Zar, iban cantando respetuosamente un himno zarista "Dios salve al Zar". 

El Zar, poco acostumbrado a concentraciones reivindicativas, huyó; sus guardias se asustaron y los cosacos cargaron contra los manifestantes ocasionando unos 1.000 muertos y unos 2.000 heridos.


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Esta brutal intervención policial conmovió a la opinión extranjera, intensificó la fuerza de la socialdemocracia y, muy importante, consagró el divorcio entre el Zar y el Pueblo. Las huelgas, marchas y manifestaciones de protesta se extendieron por todo el imperio ruso.



"Estamos en un punto de viraje en la historia de Rusia" (Lenin)



"Cada cual comprendía que la Revolución había comenzado ya; que el pueblo había perdido su fe en el Zar; que ahora había llegado el tiempo en el que el Despotismo caería abatido, en el que se levantaría el pueblo grande, fuerte y libre" (KRUPSKAIA, compañera de Lenin, desde Ginebra).

"Quedó destruida la imagen heroica y paternal del Zar, aunque solo unos pocos se atrevían a confesar que aquella imagen estaba ya destruida" (M. Gorki)




SUBLEVACIÓN EN EL ACORAZADO POTEMKIM

La segunda manifestación de la Revolución de 1.905 fue la sublevación contra sus oficiales de la marinería del acorazado Potemkim a comienzos del verano de 1905. Se levantaron ante el mal estado de la comida que les servían y la dureza con que les trataban sus oficiales.







El 14 de junio, la tripulación se hizo con el control del barco eliminando a la oficialidad. Los marineros llevaron el buque al puerto de Odessa donde se estaba desarrollando una huelga general de carácter muy violento. El 17 de junio, 5 barcos de la flota del mar Negro llegaron desde Sebastopol para reprimir el levantamiento. Uno se unió al Potemkin, y escaparon juntos hacia  las costas de Rumanía. Allí el acorazado ruso Tchesme apresó a ambos y a 75 de los amotinados.


Para Lenin, este hecho fue fundamental porque colocó al lado de la Revolución a una parte del ejército. Él había mantenido la tesis de que, en épocas de crisis, el ejército se pondría del lado de la Revolución. Este hecho fue mitificado posteriormente; sin embargo, históricamente, hay que verlo como uno más de los signos del deterioro social.

En 1925, con motivo del 20 aniversario de la revolución, las autoridades soviéticas encargaron al joven el cineasta Serguei M. Eisenstein el rodaje de una película conmemorativa, "El acorazado Potemkim", una de las mejores películas de todos los tiempos.

Un ejemplo de aprovechamiento didáctico de esta película:
http://www.ite.educacion.es/formacion/materiales/24/cd/m2_2/el_acorazado_potemkin.html





EN UNA PRÓXIMA ENTRADA ME OCUPARÉ DE LAS CONSECUENCIAS DE ESTA REVOLUCIÓN DE 1905.



miércoles, 8 de febrero de 2017

LA OPOSICIÓN EN LA RUSIA DE LOS ZARES A COMIENZOS DEL S. XX

En primer lugar es preciso señalar que toda oposición estaba fuera de la ley. Los partidos políticos estaban prohibidos. A pesar de esta prohibición, se fue organizando una oposición al zarismo que se fue gestando entre los sectores más instruidos de la sociedad: la intelligentsia. Esta oposición iba a jugar un papel en la caída del Zar y en el proceso revolucionario posterior.

Los diferentes grupos opositores solo tenían en común su voluntad de acabar con el régimen zarista; sin embargo, en cuanto a sus proyectos para Rusia, presentaban muchas diferencias, a veces totalmente irreconciliables.

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FUENTE DE LA IMAGEN-ESQUEMA:
http://e-ducativa.catedu.es/44700165/aula/archivos/repositorio/1250/1290/html/51_la_rusia_zarista.html

Nihilistas - Anarquistas

Querían acabar con el régimen zarista. Eran partidarios de una revolución campesina y de la socialización de la tierra. El campesinado era la mayor parte de la población y vivía en condiciones de extrema pobreza lo que acentuaba su fuerza revolucionaria. En esta oposición estaban los anarquistas que eran partidarios de la violencia terrorista para alcanzar sus objetivos.  


Socialrevolucionarios (también conocidos como SR o Eseritas)

Se organizaron como partido en 1.901. Remontaban sus antecedentes a Herzen y los movimientos Populistas y Nihilistas. Trataron de marcar sus diferencias con el Marxismo. Dieron primacía a los problemas campesinos. El paso hacia el socialismo se realizaría a través de los MIR, comunidades campesinas ya existentes en Rusia que tenían colectivizada la producción. Encontraron sus apoyos más importantes entre el campesinado. A veces defendieron los actos terriristas como medio de desestabilizar el poder. Entre ellos surgieron dos tendencias: la liderada por Kerensky y la que seguía a Tchernov (más a la derecha).


Parido Constitucional Demócrata (Kadetes - Kadet - KD)

Era un partido de ideología liberal y de corte intelectual. Fue fundado en 1905 y sus componentes son intelectuales, terratenientes medios, profesiones liberales, burgueses... El control de gobierno sobre las universidades y la prensa les empujó hacia la izquierda. Querían implantar el régimen parlamentario, promulgar una constitución y libertades públicas garantizadas, es decir, seguir el modelo de Europa Occidental. También eran partidarios de una reforma agraria y de dar autonomía a las distintas nacionalidades del Imperio Ruso (Polonia, Finlandia, Ucrania..)


Partido Obrero Socialdemócrata

Se fundó este partido en el Congreso de Minks (1.898). La mayor parte de sus fundadores fueron detenidos inmediatamente. Lenin no pudo asistir al congreso de Minks por estar desterrado en Siberia. Son los marxistas y, en consecuencia, dan prioridad al problema obrero.  Desde 1.902 surgió una fuerte pugna en el Partido entre reformistas y revolucionarios. La confrontación definitiva entre ambas corrientes se produjo en el congreso que el Partido celebró en 1903 en Bruselas y se saldó con  la división del Partido en dos (división que no se consumó hasta 1.912 en la Conferencia de Praga):

1) Mencheviques (Minoritarios)

  • Partidarios de aplicar las doctrinas de Marx siguiendo ortodoxamente el esquema de su dialéctica: revolución burguesa y, posteriormente, revolución social. En un país atrasado como Rusia, para llegar al Socialismo, era necesario pasar por una etapa capitalista burguesa. Algo que no tuvieron en cuenta los Mencheviques fue que, en la Rusia del momento, era muy difícil que se diese una revolución burguesa ya que apenas existía burguesía.
  • Siendo fieles a su teoría, eran partidarios de colaborar con la burguesía para derribar al zarismo. 
  • Sus líderes: Martov, Plenajov y Axelrod.

2) Bolcheviques (Mayoritarios).

  • Eran partidarios de la revolución proletaria sin pasar por la revolución burguesa, pues en Europa se había demostrado que, tras la revolución burguesa, la burguesía se convertía en opresora del proletariado y, asentada en el poder, era muy difícil apearla del mismo. Había que luchar contra el zarismo y la burguesía simultáneamente.
  • Para llevar a cabo la revolución social y establecer la dictadura del proletariado, había que buscar la unión de campesinos pobres y obreros.
  • Eran partidarios de un partido fuerte y disciplinado que dirigiese la Revolución.
  • Su líder indiscutible era Lenin. Otros dirigentes importantes fueron Trotski, Molotov, Kamenev y Zinoviev.

viernes, 3 de febrero de 2017

BREVE HISTORIA DEL ÁFRICA SUBSAHARIANA


GARCÍA MORAL, E.: “Breve historia del África Subsahariana”. Edit. Nowtilus. Madrid, 1917


La rica y dinámica historia del África Subsahariana hasta su contacto y dominio por los europeos ha sido bastante olvidada en nuestro país. Basta echar un vistazo a los planes de estudio de la Enseñanza Secundaria y, salvo breves alusiones a ser la cuna de la humanidad, un profundo olvido de su existencia hasta las exploraciones de los europeos de la Edad Moderna. Esta Breve Historia del África Subsahariana aporta al lector, de forma clara y rigurosa, una aproximación a la historia de los diversos pueblos que pueblan esta vasta zona del mundo. El análisis causal y los efectos de cada uno de los principales momentos históricos del África Subsahariana es uno de los puntos fuertes de esta obra. ¿Qué puede encontrar el lector en esta Breve Historia?

Señala el autor que hasta aproximadamente el s. VIII conocemos poco de la historia de África Subsahariana, apenas el innegable parentesco y la relación comercial de Nubia con Egipto, la existencia del gran estado de Kush o la notable actividad comercial en la costa oriental africana (Etiopía, Eritrea, Yibuti y norte de Somalía). Sin embargo, en este período (“Los Siglos Oscuros”) se preparó el terreno a la esplendorosa época clásica o Era de los Imperios (siglos IX al XVI) a la que el profesor García Moral dedica un capítulo del libro. 

En una franja que va desde el Atlántico hasta más allá del lago Chad florecieron grandes imperios, los mejor conocidos son los de Ghana (antes de comenzar su decadencia en el s. XI abundan los testimonios de su riqueza aurífera), Malí (un imperio de gran extensión, también rico en oro, que inició su decadencia en el s. XIV a la par que llegaban los portugueses), Songhay (imperio que aglutinaba multitud de etnias y pueblos y que prácticamente desapareció en 1591 cuando su ejército fue derrotado por tropas marroquíes mejor armadas), Kanem-Bornú (que perduró casi un milenio a orillas del lago Chad) y el gran Zimbabue (un poderoso estado que tuvo su apogeo en los s. XIII al XV). Cierran este capítulo unas líneas dedicadas al Preste Juan, leyenda medieval sobre un gobernante cristiano virtuoso que reina sobre una especie de paraíso terrenal, ubicado al principio en Asia y desde el s. XIV en África (en la zona de Etiopía). 

La llegada del hombre blanco iba a trastocar la historia de estas tierras. Los primeros en llegar fueron los portugueses a mitad del s. XV. Ante los descalabros sufridos, los portugueses decidieron pasar de la ocupación por la fuerza a promover acuerdos con los pueblos locales para establecer relaciones comerciales buscando oro, marfil, pimienta, productos agrícolas y algunos esclavos. Los europeos establecieron factorías en las costas o islas cercanas, sin penetrar hacia el interior. Pronto los esclavos comenzaron a tener más peso en este comercio sobre todo en el Congo y Monomotapa (entre los ríos Zambeze y Limpopo).

Como no podía ser de otra forma, se dedican varias páginas a la trata de esclavos que, en palabras del historiador Basil Davidson, comenzó como un goteo para convertirse en un diluvio desde mitad del s. XVII. El número de personas que fueron objeto de este vergonzoso comercio es difícil de precisar; a lo largo de cuatro siglos, pudo ser de 12 millones de personas, sin incluir los comerciados de contrabando ni los que murieron durante los procesos de captura. Incluyendo éstos la cifra se elevaría a entre 15 y más de veinte millones. Teniendo presente que muchas de estas capturas se produjeron con complicidad de las élites africanas que organizaron auténticas razias para proporcionar esclavos a los negreros occidentales. Se analizan las consecuencias demográficas (pérdida de población, bajada de la natalidad, desequilibrio de hombres y mujeres…), económicas (pérdida de mano de obra joven y vigorosa) y sociales (clima de terror, violencia…). La trata enriqueció a una parte del mundo en detrimento de otra. En 1807, Gran Bretaña abolió la trata y comenzó a presionar a otros países para que hicieran lo mismo, a pesar de ello siguió hasta 1860. Esta abolición tuvo como consecuencia un cambio en el comercio, ahora África exporta minerales y productos agrícolas y compra productos elaborados, un comerccio claramente desventajoso.

Un acontecimiento decisivo para el futuro de la historia de África fue el Congreso de Berlín (1884-5) en el que se establecieron las reglas del juego para la ocupación efectiva de África al establecer que el principio para ocupar un territorio era el dominio efectivo del mismo y la comunicación al resto de las potencias. En los quince años siguientes las potencias coloniales ocuparon todo el continente africano (trazaron fronteras totalmente artificiales, muchas de las cuales han llegado a nuestros días) quedando solo como países libres Liberia y Etiopia. La penetración europea no fue pacífica, encontró resistencias no coordinadas que pudo vencer gracias a su superioridad en el armamento. El autor analiza algunos casos célebres de resistencia como los de Samory Touré contra los franceses y Cetshwayo contra los británicos.

Durante la I Guerra Mundial, las campañas en tierras del África Subsahariana no fueron decisivas pero sí que tuvieron cierta repercusión. Muy llamativo fue ver soldados africanos combatiendo en el frente francés y es que las colonias africanas se convirtieron en una reserva de tropas. Muchos de ellos murieron, en Francia se reconoció oficialmente la cifra de 30.000 soldados africanos muertos. A estas muertes hay que sumar las producidas por la gripe de 1918-19 que se pueden cifrar entre 1,5 y 2 millones de personas. Políticamente, al final de la contienda, hubo una redistribución del mapa colonial al repartirse los vencedores las colonias alemanas.

La II Guerra Mundial sirvió para acelerar la mentalidad anticolonial alentada por unas élites africanas formadas por los occidentales. Estos líderes occidentalizados fueron los paladines de la independencia y los primeros gobernantes de los nuevos Estados tras la declaración de independencia. Sudán fue el primer país en conseguir su independencia, después se fueron sucediendo en cascada (1960 fue un año en el que muchos países la alcanzaron), quedando algunos rezagados como Rodesia o las colonias portuguesas que, tras unas sangrientas guerras entre 1961 y 1974 en las que los portugueses desplegaron miles de soldados llegaron a la independencia en 1974 Guinea Bisau y Cabo Verde y en 1975 Mozambique y Angola. 

El autor dedica unas páginas a las distintas valoraciones sobre los efectos de la colonización analizando los argumentos esgrimidos. Aunque sin duda tuvo algo de positivo “la explotación que implica el hecho colonial, hace de él un fenómeno nefasto” , como diría L. Sedar Senghor.

Los nuevos estados buscaron algún nexo de unión y en mayo de 1963 crearon la OUA (Organización para la Unión Africana), no era una unión política sino un acuerdo sobre unos puntos básicos como el respeto a la soberanía y la no injerencia en los asuntos internos de los países miembros, el apoyo a la independencia de los países que aún no lo había conseguido, la no alineación con alguno de los bloques de la guerra fría... Muchos de estos principios no fueron respetados en los años siguientes.

Tras la independencia se abrió para el África Subsahariana una época difícil en la que la inestabilidad política fue algo frecuente, muchos golpes de Estado que dieron lugar a regímenes militares (el historiador Paul Nugent distingue cuatro tipos) y algunas sangrientas dictaduras como las de Idi Amín o Bokasa. El autor analiza tres casos paradigmáticos para entender la evolución política de la década de 1960: Congo (Lumumba tuvo que hacer frente a la rebelión de Katanga antes de ser depuesto y asesinado), Ghana donde el prestigioso líder del África negra Nkrumah fue depuesto por un golpe militar y Nigeria donde las tres regiones en que fue dividido el país a mitad de los años 50 lucharon por controlar el aparato del nuevo estado lo que derivó en varios golpes de Estado. 

Un grave problema para estos países fue el de su deuda externa. Para poner en marcha y mantener los servicios sociales, crear infraestructuras, modernizar el Estado, etc. tuvieron que buscar créditos de organismo internacionales (FMI, BM), estados desarrollados e instituciones de crédito. Comenzaba el problema de la deuda que se agravó cuando a raíz de la crisis del 73 cuando cayeron los precios de muchos de los productos que exportaban estos países. Los acreedores impusieron fuertes medidas de ajuste. Estas medidas y recortes van a condicionar el desarrollo y generar numerosas protestas y descontentos (ahora sabemos algo de eso en diversos países europeos).

Llegados a fin de la década de 1980, quedaban tres países bajo el dominio de minorías blancas: Rodesia (la guerrilla y la presión internacional obligaron al régimen de Ian Smith a convocar elecciones en 1980 tras las que el nuevo régimen cambió el nombre del país por Zimbabue), Sudáfrica (el sistema de aprtheid mantenido por el 15 % de la minoría blanca perduró hasta las elecciones de 1994 dieron el triunfo al ANC de Nelson Mandela) y Namibia (Sudáfrica, tras absorber este territorio, instauró el aprtheid que duró hasta que en 1990 declaró su independencia).

Como colofón a esta historia poscolonial tan convulsa, el autor dedica unas líneas para analizar las causas del enfrentamiento en Ruanda entre Tutsis y Hutus, dos etnias que comparten religión y lengua. Este genocidio que tuvo lugar en 1994 dejó más de 800.000 asesinados en apenas tres meses (la mayoría tutsis) y el posterior exilio forzado de hutus (más de dos millones) cuando los tutsis controlaron el poder.

Un continente con mucha historia y con un futuro lleno de luces (avance de los regímenes multipartidistas, rápido crecimiento del PIB, introducción de las nuevas tecnologías de la comunicación…) y sombras (la situación de pobreza extrema de una parte de la población, los pocos avances en una redistribución de la riqueza, el desempleo, los problemas derivados de la acelerada urbanización…) No hay que olvidar que los diez países más pobres del mundo se encuentran en esta zona.

Se van intercalando en el texto una serie de mapas que nos ayudan a situar en el espacio estos pueblos y se completa la obra con una cronología, un glosario y una amplia bibliografía.



Página web de la obra en la editorial:



miércoles, 1 de febrero de 2017

PROBLEMAS DE RUSIA A COMIENZOS DEL S. XX (y IV): EL PROBLEMA NACIONAL


El inmenso estado ruso (una sexta parte de la superficie terrestre) distaba mucho de ser algo homogéneo, era más bien un Estado multinacional, multiracial, multicultural y multireligioso. Dentro de sus fronteras vivían unos 150 pueblos (por ello se decía el "Zar de todas las Rusias"). El "problema nacional", cómo cohesionar este conglomerado territorial, era algo que preocupaba mucho al régimen zarista.


El mapa anterior (Edit. Vicens Vives) refleja cómo Rusia fue incorporando diversos territorios desde el s. XVII.


Edit. Vicens Vives
El mayor grupo étnico era el de los grandes rusos, en torno a Moscú, que llegaba a los 55,6 millones de personas en 1.897, era el aglutinador del Estado. Se impusieron medidas de rusificación (idioma ruso y religión ortodoxa) en un intento de cohesionar el Estado, medidas que crearon descontento en otros grupos.

Religiosamente, el Estado era cristiano ortodoxo; sin embargo, había musulmanes (al sur) que presentaban grandes problemas de integración. Igualmente había judíos que estaban mal vistos y se vieron sometidos a diversos "progroms".


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