martes, 10 de octubre de 2017

BREVE HISTORIA DE LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO

BARRERAS MARTÍNEZ, D. y  DURÁN GÓMEZ, C.: “Breve Historia de la caída del Imperio Romano”. Ed. Nowtilus. Madrid, 1917.

La cuestión de cómo y por qué cayó el Imperio Romano se ha convertido en uno de los grandes debates  de la historiografía. Los historiadores difieren a la hora de determinar las causas: para unos cayó tras un largo período de decadencia, sin embargo, otros ponen el acento en su continuidad en el Imperio Bizantino y en los pueblos germánicos asentados en su territorio. El cambio y continuidad está presente en todo proceso histórico. Esta caída o profundo cambio no puede obedecer a una única causa, la multicausalidad es algo inherente a todo proceso histórico, aunque algunas causas sean más determinantes que otras. Pues bien, la obra que voy a comentar explica los antecedentes y causas de la caída del Imperio Romano remontándose a sus épocas de esplendor, hasta tiempos de Trajano en que aparecen los primeros signos preocupantes.
Los autores cierran el libro con un capítulo dedicado a hacer una síntesis de por qué cayó el Imperio Romano. Exponen diecisiete causas manejadas por la abundante historiografía que ha estudiado el tema, evidentemente no todas tuvieron el mismo peso y unas están estrechamente relacionadas con otras. Analizan, por este orden, la incidencia de: las invasiones bárbaras, las guerras civiles que debilitaron el Imperio y propiciaron las invasiones, las epidemias y hambrunas que favorecieron las dos causas anteriores, el fin de las grandes conquistas que privaron a Roma de botín, el estancamiento económico y el agotamiento del sistema esclavista (hay verdadera dificultad para conseguir esclavos con el fin de las grandes campañas), el excesivo tamaño del Imperio para ser gobernado desde un único lugar, el desempleo de la plebe que prefiere vivir hacinadamente en las ciudades dependiendo de los programas públicos de alimentos a trasladarse al campo donde hay necesidad de mano de obra, el excesivo poder del ejército que nombra y destituye  a emperadores, la creciente barbarización del ejército, la descentralización del poder cuando el Imperio tiene necesidad de hacer frente a los ataques en las fronteras, la abundante corrupción política y administrativa, la separación de Oriente y Occidente, la supervivencia y prosperidad del Imperio de Oriente en parte a costa del sacrificio del Imperio de Occidente, el enfrentamientos entre el orden senatorial y el ecuestre, las malas relaciones de varios emperadores con el Senado, el avance e imposición del cristianismo que acabó con ritos y muchos valores tradicionales.
Para poder entender lo expuesto en este capítulo de síntesis final, los autores toman perspectiva histórica y comienzan su análisis desde finales del s. I, la época de Trajano, tiempos de gloria. Trajano fue un emperador bien aceptado por el ejército, con buenas relaciones con el Senado y  la plebe, triunfador en su exitosa campaña de Dacia que aportó un gran botín, etc.; sin embargo, en esta etapa esplendorosa, aparecieron los primeros síntomas de crisis: el excesivo gasto (para mantener un numeroso ejército, construir calzadas…) y el bajo rendimiento de una agricultura de mano preferentemente esclavista. Su sucesor, Adriano (un hombre de larga carrera política y con fuerte apoyo del ejército) trató de atajar estos síntomas equilibrando los gastos y los ingresos, abandonando una política exterior agresiva y fomentando los minifundios para aumentar la productividad del campo. Su sucesor Antonio Pío (138-161) siguió una política similar, pero, a pesar de su eficiente administración, no logró acabar con los atisbos de recesión económica manifestados en los bajos rendimientos agrícolas. Fue precisamente en la agricultura donde se iniciaría un cambio en el sistema productivo: la mano de obra esclava (cada vez más escasa y cara a la vez que poco productiva), desde el s. II, comienza a ser sustituida por colonos, hombres libres, pero dependientes de grandes terratenientes.
En las últimas décadas del s. II aparece otro de los problemas que iba a ser una de las principales causas de la desaparición del Imperio: el ataque a sus amplias fronteras. A estos ataques, posteriormente convertidos en grandes invasiones, van a dedicar los autores muchas páginas del libro. Para hacer frente a este peligro exterior, Marco Aurelio necesitó fondos, rompió el precario equilibrio ingresos-gastos y acudió a medidas impopulares como la subida de impuestos y la devaluación del denario reduciendo su contenido de plata.
Los autores analizan con detenimiento la aparición de otro de los factores causantes de la desintegración del Imperio tras la muerte de Marco Aurelio (año 180), el peligro interior: codicia de generales y altos cargos, intrigas palaciegas, complots, política de terror como respuesta (purgas y confiscación de bienes), deposición y asesinato de emperadores muchas veces nombrados por las tropas, etc. Para poder perdurar, los emperadores tuvieron que buscar el apoyo del ejército mediante donativos y aumento de la paga, a pesar de todo varios de ellos fueron asesinados (Publio Helvio Pertinax, Caracalla, Macrino, Heliogabalo, Severo Alejandro, Galieno…). Hasta la llegada de Diocleciano fue una etapa de gran inestabilidad política, anarquía e inseguridad (muchos grandes propietarios abandonan las ciudades y se refugian en sus latifundios)  que favorecieron la fuerte presión en las fronteras: en el Danubio que atravesaron godos, vándalos y carpos; en la frontera persa donde el emperador Valeriano cayó prisionero y murió en el cautiverio; las incursiones bárbaras llegaron al norte y centro de Italia… El ejército comenzó a completar sus unidades con soldados bárbaros (esta barbarización del ejército fue otro de los factores que contribuyeron a la caída del Imperio).
Por un momento pareció que este declive iba a detenerse y el Imperio iba a recuperar su pujanza. La obra analiza con detalle la época de relativa calma de Diocleciano (284-305) y Constantino el Grande. Diocleciano acabó con la anarquía interior y alejó el peligro exterior mejorando las defensas de frontera. Realizó profundas reformas en el campo militar (transformó la legión tradicional), administrativo (aumentó el número de provincias de 50 a 96) y económico (saneamiento del sistema monetario, control de la inflación, reforma fiscal…). Al asociar al trono a Maximiano inauguró la tetrarquía como forma de gobierno. Esta época de resurgir se prolongó en la época de Constantino el Grande quien, tras deshacerse de sus rivales (definitiva victoria sobre Majencio en Puente Milvio, 312), trasladó la capital a Constantinopla, continuó las reformas económicas y militares de Diocleciano. Constantino, dejando aparte las leyendas sobre su visión antes de Puente Milvio, legalizó el cristianismo (Edicto de Milán, 313) y lo utilizó para aportar cohesión a su Imperio. Ya he señalado más arriba cómo una de las razones que se esgrimen para la caída de Roma fue la pérdida de valores tradicionales ante el avance del cristianismo.
Tras la muerte de Constantino (337), volvió la inestabilidad que se tradujo en un avance de la ruralización de la sociedad, aumento del colonato, retroceso del comercio, mengua de la producción artesanal de las ciudades, etc. Señalan los autores que aparecen elementos prefeudales. 
Las últimas dinastías imperiales tuvieron que hacer frente a incursiones bárbaras en todos los limes. En el 375, los hunos cruzaron el Volga y el Dniester y empujaron a los godos (que se habían establecido allí desde el s. III) hasta el limes danubiano. Valente reunió un gran ejército para hacer frente a la invasión, el encuentro decisivo se produjo en Adiranápolis (378), fue gran desastre romano. Para algunos, es el principio del fin del Imperio. En esta batalla murió Valente, su cuerpo no fue encontrado.
En este ambiente de acoso de las fronteras y de cierta inestabilidad política, acabó imponiéndose Teodosio el Grande, gran defensor del cristianismo (el Edicto de Tesalónico estableció que el cristianismo sería el único credo del Imperio). A su muerte en 395, dividió el Imperio entre sus dos hijos: Honorio en Occidente y Arcadio en Oriente, dos imperios que iban a evolucionar de forma muy diferente.
El peligro bárbaro, cada vez más fuerte, se cernió sobre el Imperio de Occidente, más vulnerable. En el 396, un nuevo movimiento migratorio de hunos empujó a las tribus germánicas de las proximidades del limes. Alarico, tras fracasar ante las defensas de Constantinopla, depredó en los Balcanes y llegó a Italia. Aunque en el año 406 Estilicón detuvo a los ostrogodos que avanzaban empujados por los hunos, el 31 de diciembre de 406, suevos, vándalos y alanos cruzaron el Rhin, depredaron Galia y pasaron a Hispania repartiéndose el territorio. El Imperio de Occidente estaba a merced de los bárbaros: Alarico puso sitio a Roma en el 408 que levantó a cambio de un tributo y acabó saqueando la ciudad en el 410; su sucesor, Ataulfo, se estableció en territorio de la Galia (con capital en Toulouse),  cruzó los Pirineos llegando a Hispania donde los visigodos acabaron venciendo a suevos, vándalos y alanos y ocupando sus territorios. Los visigodos dominaron la península Ibérica con independencia de las autoridades imperiales.
Los últimos emperadores (a pesar de algunos éxitos como la derrota de Atila en los Campos Cataláunicos de la que se recuperó rápidamente) fueron incapaces de detener el peligro bárbaro. En 476, Odoacro acabó deponiendo a Romulo Augusto, el último emperador de Occidente. Cuando cayó el Imperio Romano de Occidente, cayó el poder, pero no sus principales elementos distintivos: estructuras sociales, idioma, cuerpo legislativo, sistema monetario…  que perduraron en los nuevos pueblos que ocuparon su territorio.
Los autores dedican unas líneas a explicar cómo el Imperio de Oriente se recuperó de la derrota de Adrianápolis (378) y las razones por las que logró no solo sobrevivir sino alcanzar épocas de esplendor basadas en una economía potente.
Una interesante obra de síntesis que explica de manera clara por qué cayó el Imperio de Occidente y cómo se establecieron en sus territorios diferentes pueblos germánicos que acabaron conformando diferentes reinos. El profundo conocimiento y manejo de la abundante historiografía sobre el tema hacen que esta obra sea de lectura muy recomendable para profesores, estudiantes y amantes de la historia del Imperio Romano.

La obra en la Web de la editorial:



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen aporte

Pedro Oña dijo...

Muchas gracias

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