lunes, 2 de noviembre de 2015

UN ERROR DE NAPOLEÓN: LA INTERVENCIÓN EN ESPAÑA



La destrucción de la flota franco-española en Trafalgar hizo perder a Napoleón el deseo de mantener una relación equilibrada con España pues, sin barcos, de nada podía servirle ya para hacer frente al poderío naval inglés. Napoleón fue cambiando de planes respecto a España y, tras la Paz de Tilsit, acabó por inclinarse por la sustitución de la monarquía de los Borbones por otra encabezada por un miembro de su propia familia. 


Godoy, el ambicioso primer ministro de España, se vio cada vez más atraído por la política expansionista de su todopoderoso vecino. Al darse cuenta de los planes de Napoleón, se avino a una intervención conjunta con Napoleón en Portugal que se concretó en el Tratado de Fontainebleau (octubre, 1807). Un ejército franco-español penetraría en Portugal eliminando un molesto aliado de Inglaterra (que, al violar el bloqueo continental, era una plataforma de la entrada de productos ingleses). Por otra parte,  el Tratado preveía dividir Portugal en tres zonas: La del Sur sería para Godoy con soberanía hereditaria, la del Norte para la Reina de Etruria y se reservaba la del Centro para futuras compensaciones o para un posible reparto entre el rey de España y el propio Napoleón.


Cumpliendo el Tratado un ejército francés, al mando del general Junot, atravesó España (octubre, 1807) y ocupó Portugal sin grandes dificultades. El 30 de noviembre, Junot entró en Lisboa. El rey Joao VI y la familia real de los Braganza se vio obligada a huir a Brasil. 

Muy pronto entraron en España más tropas francesas mandadas por Dupont, Moncey, Merle y Duhesme. En total, se instalaron en España unos 65.000 al mando de Murat. Habían entrado para quedarse.



Grabado sobre el Motín de Aranjuez

Facilitaron los planes franceses las disputas por el trono entre Carlos IV y su hijo, el futuro Fernando VII, que acabaron con la sustitución del primero por el segundo a raíz del Motín de Aranjuez (marzo, 1808). Un grupo cortesano, que apoyaba al heredero Fernando y que era enemigo de Godoy y su poder, aprovechó el descontento popular para desencadenar la revuelta. Ante la presión popular, Carlos IV abdicó en su hijo Fernando (en una carta a Napoleón explicaba Carlos IV que había abdicado por la fuerza). El pueblo actuó como fuerza de choque, fue manipulado, pero su intervención fue decisiva.


Napoleón, aprovechando la confusión creada por el Motín de Aranjuez, hizo acudir a Bayona a los dos reyes con el pretexto de mediar en la resolución del conflicto que se había producido entre padre e hijo. Napoleón actuó con gran habilidad, consiguió que Fernando VII renunciase a la corona en favor de su padre sin saber que éste había cedido ya sus derechos al propio Emperador. Todo ello a pesar de que ya se habían producido los acontecimientos del dos de mayo en Madrid. Napoleón, dueño de los destinos de España, obligó a su hermano José, a la sazón rey de Nápoles, a aceptar la corona española.


Para dar una mayor apariencia de legalidad a este cambio de dinastía en España, Napoleón convocó en Bayona a una serie de notables para que refrendasen su decisión. Acudierona  Bayona unos cuantos de los 150 convocados que no tuvieron otra opción que aprobar una especie de constitución (Constitución de Bayona) redactada, al parecer, con la intervención directa de Napoleón. Consagraba a la dinastía Bonaparte en el trono de España en la persona del hermano de Napoleón José I.

Sin embargo, Napoleón confundió la debilidad de la monarquía con la actitud del pueblo español que no estaba dispuesto a aceptar la presencia francesa en su suelo. El Emperador demostró un tremendo error de cálculo cuando declaró: "Si aquello fuera a costarme 80.000 hombres, no lo haría, pero creo que no me harán falta más allá de 12.000". 

El dos de mayo, el pueblo madrileño se levantó contra la ocupación francesa, era el inicio de una auténtica revolución liberal. EL Ejército español, cumpliendo ordenes del Ministro y Capitán General de Madrid, permaneció acuartelados, salvo el grupo de artilleros capitaneados por Daoiz (era la experiencia y la acción)  y Velarde (la estrategia) que combatieron con el pueblo al que armaron desobedeciendo las ordenes a las que antepusieron el patriotismo. 


La consiguiente represión de Murat para acabar con el levantamiento popular (se sucedieron varias escenas de auténtico heroísmo) no se hizo esperar. Murat dictó un bando comunicando que sería fusilado el que llevase un arma encima, entendiendo por arma cualquier objeto punzante, así la joven Manuela Malasaña, que venía de bordar, fue fusilada por llevar unas tijeras colgadas en la cintura. Más de 200 fusilamientos en los días 2 y 3 de Mayo, algunas víctimas elegidas a sorteo.

Fusilamientos del 3 de mayo en la Montaña del Príncipe Pío. Cuadro de Goya.



Fuera espontánea o en cierta manera preparada, lo cierto es que aquella jornada fue sólo el comienzo de una larga guerra de resistencia que proporcionaría a Napoleón las suficientes preocupaciones como para dedicar una buena parte de su atención y de sus fuerzas a la campaña de España.




La derrota que sufió en Bailén el general Dupont  ante el general Castaños (julio, 1808) cuando se disponía a ocupar Andalucía al frente del I Cuerpo de Ejército, asi como la enorme resistencia que halló en varias ciudades con la que no había contado (como Zaragoza y Girona), obligaron a Napoleón a tomarse más en serio los asuntos de la Peninsular y a ocuparse personalmente de ellos.


Concentró en España unos 300.000 soldados, muchos de ellos veteranos de las campañas en Europa, dirigidos por algunos de los mejores mariscales del Imperio como Soult, Víctor, Ney, Morder y Lefèbvre. En noviembre, el propio Napoleón se presentó en Bayona y desde allí marchó hasta Vitoria, donde estableció su cuartel general. Poco más tarde entró en Madrid (grabado siguiente).





La presencia de Napoleón en España no iba a durar muchoCuando se dirigía a Galicia en persecución de un ejército auxiliar inglés al mando de John Moore, recibió inquietantes noticias de París sobre intrigas cortesanas y la existencia de preparativos bélicos por parte de Austria. El 4 de enero de 1809 decidió volver a Francia dejando a Soult para que terminase la campaña.

A comienzos de 1809, la mayor parte de la mitad norte se hallaba bajo el control de las armas francesas y parecía que los principales obstáculos para la ocupación del territorio español habían desaparecido y que el avance hacia el sur no tendría ya dificultades, con lo que la Monarquía de José Bonaparte podría ya asentarse definitivamente. Pero entonces hizo acto de aparición una de las novedades de esta guerra: La Guerrilla.

La guerrilla fue una forma peculiar de hacer la guerra que los españoles arbitraron para poder hacer frente al formidable ejército napoleónico contra el que no tenían ninguna posibilidad de actuar por los medios convencionales. La guerrilla es un fenómeno de participación popular en la Guerra de la Independencia española que refleja la actitud decidida de toda una nación en armas para liberar al país de la ocupación extranjera. 


El Empecinado pintado por Goya
Su origen es diverso, pues los elementos que componen cada "partida", o grupo de hombres armados, son soldados del ejército regular que han quedado desenganchados de sus unidades, campesinos, o incluso contrabandistas y bandoleros que no tienen inconveniente en sumarse a esta "petite guerre" contra los franceses. Requisito indispensable: la existencia de un líder que dirija y organice, aunque en la mayor parte de las ocasiones sea un hombre con poca o ninguna experiencia en las artes militares, pero sí conocedor del terreno y con dotes de mando. Juan Martín El Empecinado, Espoz y Mina, el Cura Merino, y tantos otros dirigentes de la guerrilla se convirtieron en auténticos héroes de la guerra de la Independencia en España. Muy importante fue el apoyo de la población civil a los guerrilleros.


Espoz y Mina
La guerrilla es una Guerra Total, vale todo: envenenar alimentos, poner bombas, asalto a rezagados..... El formidable ejército francés sólo era dueño de la tierra que pisaba. El resultado del enfrentamiento no se mide por los valores tradicionales (toma de banderas, pérdida de campo...) así que el contacto se establece cuando la certeza de triunfo es total. Sembró una constante intranquilidad y desasosiego entre las unidades francesas que no sabían cómo acabar con un enemigo que actuaba con una extraordinaria movilidad y rapidez.

A esta resistencia española, Napoleón tuvo que añadir la acción de las tropas inglesas en la Península. Sir Arthur Wellesley, el futuro Duque de Wellington, había desembarcado en Portugal y desde 1809 inició la ofesiva hostigando a los ejércitos franceses desde Galicia hasta Extremadura. 

Por otra parte, las operaciones marítimas de la escuadra inglesa en aguas españolas obligaron a fijar 32.000 soldados franceses para la vigilancia de las costas, amén de mantener abierta constantemente la comunicación con Cádiz, la única ciudad española que se había visto libre de la ocupación francesa, aunque se hallaba sitiada por tierra.

El año 1812, Napoleón retiró 50.000 soldados de España para emplearlos en la campaña rusa. Las cosas empezaron a torcerse definitivamente para los franceses: derrota en la Batalla de los Arapiles (abrió el camino a Madrid para Welington), tuvieron que abandonar Andalucía (Soult)... aunque José I, desde noviembre, pareció iniciar una contraofensiva.


http://remilitari.com/cronolog/napoleon/arapiles.htm



Grabado sobre la Batalla de Vitoria.
En este lugar (Plaza de la Virgen Blanca) se halla hoy el monumento a esta batalla
En 1813, Napoleón retiró más tropas de España y sus efectivos quedaron en inferioridad numérica frente a las tropas aliadas. En mayo, Welington inició una fuerte contraofensiva. José I concentró sus tropas en las cercanía de Vitoria, allí tuvo lugar la Batalla de Vitoria (junio) tras la cual los franceses se vieron obligados a replegarse y, tras la Batalla de San Marcial (agosto), tuvieron que abandonar España. Welington cruzó el Bidasoa el 7 de octubre. Globalmente hablando, la intervención en España había sido un fracaso y había supuesto un fuerte desgaste pata los franceses.


  


2 comentarios:

Cayetano Gea dijo...

Un error, una masacre y también -por qué no decirlo- una oportunidad frustrada. España perdió una ocasión para subirse al tren de la modernidad. El regreso del absolutismo acabó con la posibilidad de iniciar en España una andadura liberal. En todo caso, el Congreso de Viena, tras la derrota de Napoleón, nos impondría en toda Europa un modelo poco amigo de libertades y derechos que no fueran los puramente dinásticos.
Un saludo.

Pedro Oña dijo...

Un cordial saludo, Cayetano. Como siempre, un acertado comentario.

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