lunes, 14 de septiembre de 2015

NAPOLEÓN SE PROCLAMA EMPERADOR


Los éxitos en el exterior y en el interior de Napoleón van a expolear su ambición. Ya he señalado en un post anterior cómo el nombramiento de cónsul vitalicio obligó a cambiar la legislación dando lugar a una nueva constitución, la del año X

Ejecución del Duque de Enghien 

Los monárquicos no renunciaron a su aspiración de restaurar a los Borbones en su trono y organizaron una conspiración con apoyo de Inglaterra. En febrero de 1804 se descubrió el complot y los principales implicados fueron detenidos y, posteriormente ejecutados o deportados. Entre los ejecutados estaba el Duque de Enghien de la casa real francesa, aunque Napoleón estaba seguro que era inocente. Quiso dejar claro wque, en aquellos momentos, era impensable un retorno al pasado monárquico. Vicens Vives los califica de “crimen de Estado”. Fouché, en sus Memorias, atribuye la siguiente frase a Talleyrand: “Es peor que un crimen, es un error”. Napoleón aceptó siempre, hasta en Santa Elena, la responsabilidad de esta muere.

Los hechos causaron gran indignación en las cortes europeas y la imagen de Napoleón perdió credibilidad en los medios europeos.

Un paso más en el camino de su ambición se produjo en  marzo de 1804 cuando el Senado votó una moción en la que se aprobó el carácter hereditario del consulado. Un mes más tarde se propuso al Tribunado conceder el título de emperador a Napoleón, un emperador al que se confiaba el gobierno de la República. El 18 de mayo, el Senado aprobaba un senadoconsulto instituyendo en nuevo régimen imperial. Esta decisión fue ratificado ampliamente por el pueblo en un plebiscito.

Este cambio de régimen obligó a una nueva Constitución, la del año XII que articula el Imperio. Un resumen de sus 142 artículos:
  • Encomienda el gobierno de la República a un Emperador que será llamado Emperador de los Franceses. El Emperador asume en su persona los tres poderes. Directamente el Poder Ejecutivo. Indirectamente el Poder Judicial, a través de una Alta Corte Imperial, y el Poder Legislativo, no solo por su facultad de emitir senadoconsultos, sino también por el control que ejerce sobre las asambleas legislativas y los colegios electorales.
  • Se establece el régimen hereditario del emperador por sucesión directa, elegido por el propio emperador entre los miembros de la familia.
  • El Senado queda como garante de unas supuestas libertades individuales y de prensa.
  • El Cuerpo Legislativo queda reducido a una cámara de discusión secreta de las leyes, sólo cuando se le convoca para ello, y el presidente es designado por el propio Emperador. 
  • El Tribunado queda sin apenas funciones hasta que finalmente fue suprimido en 1807.
  • Los colegios electorales se consolidan como cuerpos intermediarios al servicio de Napoleón en manos de la alta burguesía y de los miembros de la Legión de Honor.
No satisfecho con el apoyo popular, Napoleón buscó una mayor fuente de legitimidad: la Unción Real, siguiendo una antigua tradición de la Iglesia y de la Monarquía francesa. Pero no se va a contentar contenta con recibir la consagración de manos del Arzobispo de Reims, como lo hacían los reyes de Francia. Necesitaba algo más, la presencia del papa. Tras laboriosas negociaciones, el papa acudió a París a asistir como un eminente testigo a la ceremonia de autocoronación de Napoleón. El papa no corona a Napoleón, es solo un testigo de lujo. El 2 de diciembre de 1804 se celebró el solemne acto de la coronación en la catedral de Notre Dame de París. Es lo que trató de reflejar el pintor J. L. David en este impresionante cuadro:


El pintor J. L. David, que recibió el encargo del propio Napoleón, reflejó la ceremonia en este enorme lienzo (667 x 990) que acabó en 1807. El momento escogido no es la autocoronación de Napoleón (ya tiene puesta una corona de laurel) sino cuando corona a su mujer Josefina. El cuadro se puede ver en el Museo del Louvre y una copia en el Palacio de Versalles.

En Wikipedia podemos ver una relación de personajes del cuadro, toda la nueva corte imperial. Parece que tuvo que intervenir el propio Napoleón para colocar en su sitio a los distintos personajes que aparecen en el cuadro.


Añadir leyenda

1.- Napoleón I con una corona de laurel que recuerda al Imperio Romano y a los emperadores carolingios. Aunque la coronación de Carlomagno, por ejemplo, fue muy diferente, acudió a Roma y fue el papa quien colocó la corona sobre su cabeza.
2.- Josefina de Beauharnais, arrodillada a punto de ser coronada por su marido.
3.- Maria Letizia Ramolino , madre de Napoleón. No asistió a la ceremonia para manifestar su disgusto por las desavenencias de Napoleón y su hermano Luis. Según algunos dijo que se preguntaba cuanto duraría el Imperio. Napoleón ordenó al pintor colocarla en la tribuna principal, en un lugar muy importante en el cuadro, no podía consentir la no asistencia de su madre. El padre de Napoleón ya había muerto para estas fechas.
4.- Luis Bonaparte, rey de Holanda en 1806. Se casó con Hortensia de Beauharnais, la hija de
Josefina.
5.- José Bonaparte, luego fue rey de Nápoles en 1806 y de España en 1808.
6.- El joven Napoleón-Carlos (1802-1807), hijo de Luis Bonaparte y de Hortensia de Beauharnais.
7.- Las hermanas de Napoleón.
8.- Charles-François Lebrun, tercer cónsul junto a Napoleón Bonaparte.
9.- Jean-Jacques-Régis de Cambacérès
10.- Louis-Alexandre Berthier, ministro de la Guerra bajo el Consulado, luego mariscal de Imperio en 1805.
11.- Talleyrand (1754-1836), gran chambelán desde el 11 de julio de 1804.
12.- Joaquín Murat, mariscal de imperio, rey de Nápoles después 1808, cuñado de Napoleón,
esposo de Carolina Bonaparte.
13.- El papa Pío VII (1742-1823), se limita a bendecir la coronación. Se rodea por los dignatarios eclesiásticos, se reconoce a algunos obispos con sus mitras y, en el primer plano, al arzobispo de París llevando una cruz en la mano.
14.- El pintor Jacques-Louis David.
CATECISMO IMPERIAL DE NAPOLEÓN (promulgado por Napoleón en 1806)

P. ¿Cuáles son los deberes de los cristianos hacia los príncipes que les gobiernan y cuáles
son, en particular, nuestros deberes hacia Napoleón I, nuestro Emperador?
R. Los cristianos deben a los príncipes que les gobiernan y nosotros, en particular, debemos a Napoleón I, nuestro Emperador: amor, respeto, obediencia, lealtad, servicio militar y los impuestos ordenados para la preservación y defensa del Imperio y de su trono; también le debemos nuestras fervientes oraciones por su seguridad y para la prosperidad espiritual y secular del Estado.

P. ¿Por qué debemos cumplir con todos estos deberes para con nuestro Emperador?
R. Primero, porque Dios, quien crea los Imperios y los reparte conforme a su voluntad, al acumular sus regalos en él, le ha establecido como nuestro soberano y le ha nombrado representante de su poder y de su imagen en la tierra. Así que el honrar y servir a nuestro Emperador es honrar y servir al mismo Dios. En segundo lugar, porque nuestro Salvador Jesucristo nos enseñó con el ejemplo y sus preceptos que nos debemos a nuestro soberano, porque nació bajo la obediencia a César Augusto, pagó los impuestos prescritos y en la misma frase donde dijo ‘Dad a Dios lo que es de Dios’ también dijo ‘Dad al César lo que es del César’.

P. ¿Hay alguna razón especial por la que debemos estar dedicados más profundamente a Napoleón I, nuestro Emperador?
R. Sí la hay: porque es él a quien Dios levantó en circunstancias difíciles para restablecer la adoración pública de la santa religión de nuestros ancestros y para ser nuestro protector. Es él quien restauró y preservó el orden público mediante su profunda y activa sabiduría; él defiende al Estado con la fortaleza de su brazo; él se ha convertido en el Ungido del Señor por la consagración que recibió del Soberano Pontífice, la cabeza de la Iglesia Universal.

P. ¿Qué debemos pensar de quienes no cumplen con sus deberes para con nuestro Emperador?
R. De acuerdo con el Apóstol San Pablo, se resisten al orden establecido por Dios mismo y se hacen merecedores de la condenación eterna.

P. ¿Nuestros deberes para con nuestro Emperador aplican por igual a sus legítimos sucesores en el orden establecido por las constituciones imperiales?
R. Sí, definitivamente; porque leemos en las Sagradas Escrituras que Dios, mediante una disposición suprema de Su voluntad, y por Su Providencia, confiere sus imperios no sólo a individuos en particular, sino también a las familias.


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