martes, 18 de enero de 2011

La vida en las trincheras durante la I Guerra Mundial

 Una de las peculiridades de la I Guerra Mundial fue la inmovilización del frente tras la primera batalla del Marne. Los soldados cavaron cientos de kilómetros de trincheras, cada vez más complejas,  en las que vivieron la mayor parte de la Guerra.
Esquema de un modelo de línea de trincheras:

En Internet, abundan excelentes imágenes sobre la estructura de las trincheras y sobre la vida de los soldados en ellas. Para ver un ejemplo, pulsad aquí





"(La trinchera) tiene una profundidad de dos o tres hombres. Por tanto, los defensores se mueven en ella como por el fondo de un pozo, y, para poder observar el terreno que tienen delante o disparar contra el enemigo, tienen que subir por escalones practicados en la tierra o por escaleras de madera al puesto de observación (…). Sacos terreros, pedruscos, planchas de acero constituyen el parapeto (…). Delante y a lo largo de las trincheras se extienden, casi siempre en varias líneas, redes de alambradas, enrejado de púas de alambre que detiene al asaltante y permite a los defensores disparar sobre él con toda tranquilidad. E. Junger, Tempestades de acero.

Las condiciones de vida de los soldados fueron muy duras: la constante tensión ante la presencia muy cercana del enemigo, la gran cantidad de bajas (muchos muertos ni siquiera pueden ser enterrados), el frío, la humedad del largo invierno, el barro, la mala alimentación, la proliferación de ratas, la falta de higiene, la incomodidad... fueron pasando factura, física y psíquicamente, a los combatientes.


Los Diversos testimonios de soldados nos ha dejado constancia de este sufrimiento, valgan estos dos:


"Fuera, con los pies inmediatamente enterrados, sacudo trozos de barro glacial que me pesan en las manos... Retomo mi marcha, las piernas abiertas, atravesando la tierra blanda de los desprendimientos, sondeando prudentemente el fango que tapa los hoyos. Y pese a todo, a veces, el sitio hacia el que lanzado mi impulso se hunde, el barro aspira mi pierna, la agarra, la paraliza; debo hacer un gran esfuerzo para liberarla. Del fondo del agujero que se ha llenado en seguida de agua, mi pie saca un lío de cables en el que reconozca la línea telefónica. Justamente ahí aparece el telefonista encargado de reparar las líneas, trae la cara contraída por las agujas heladas de la lluvia: "¡Vaya desbarajuste! ¡No se ha conservado nada ahí dentro! ¡Sólo hay barro y cadáveres!". Si, cadáveres. Los muertos en los combates de otoño, que habían sido enterrados someramente en el parapeto, aparecen a trozos en los desprendimientos de tierra"
Paul TuffrauCarnets d'un combattant

"Cariño mio,
Ahora, si no hay problemas, vas a saber todo acerca de lo que ocurre aquí. Sé que te llevarás una gran sorpresa cuando te llegue esta carta... ¡Si alguna autoridad la ve! (...)
Quizá te gustara saber como está el ánimo de los hombres aquí. Bien la verdad es que (y como te dije antes, me fusilarán si alguien de importancia pilla esta misiva) todo el mundo está totalmente harto y a ninguno le queda nada de lo que se conoce como patriotismo. A nadie le importa un rábano si Alemania tiene Alsacia, Bélgica o Francia. Lo único que quiere todo el mundo es acabar con esto de una vez e irse a casa. Esta es honestamente la verdad, y cualquiera que haya estado en los últimos meses te dirá lo mismo.
De hecho, y esto no es una exageración, la mayor esperanza de la gran mayoría de los hombres es que los disturbios y las protestas en casa obliguen al gobierno a acabar como sea. Ahora ya sabes el estado real de la situación.
Yo también puedo añadir que he perdido prácticamente todo el patriotismo que me quedaba, solo me queda el pensar en todos los que estáis allí, todos a los que amo y que confian en mí para que contribuya al esfuerzo necesario para vuestra seguridad y libertad. Esto es lo único que mantiene y me da fuerzas para aguantarlo. En cuanto a la religión, que Dios me perdone, no es algo que ocupe ni uno entre un millón de todos los pensamientos que ocupan las mentes de los hombres aquí.
Dios te bendiga cariño y a todos los que amo y me aman, porque sin su amor y confianza, desfallecería y fracasaría. Pero no te preocupes corazón mio porque continuaré hasta el final, sea bueno o malo ( ...)"
Laurie, soldado inglés en el frente francés


¿Puede extrañarnos que, con el paso del tiempo, la moral de los soldados estuviera por los suelos?

4 comentarios:

Cayetano dijo...

Buena entrada. Me parece que estamos trabajando el mismo tema. Yo ya tenía preparada un post similar sobre las trincheras para sacarlo en una semana o así. Hasta hay alguna foto que coincide. ¡Qué le vamos a hacer! La sacaré no obstante.
Un saludo.

Pedro Oña dijo...

Gracias por tus comentarios, Cayetano. En blogs de aula es normal que los temas de nuestras entradas a veces coincidan. Seguro que tu entrada aportará nuevos datos. estaré atento `para recomendar a mis alumnos.
Un cordial saludo

Anónimo dijo...

Hola, no se si me pueden ayudar. Estoy escribiendo y necesito saber que tipo de identificación utilizaban los soldados italianos en la primera guerra. Se que algunos ejércitos ya usaban la chapa estilo dogtag pero no he podido verificar si los italianos tb. Lo otro es preguntarles si saben de algún otro lugar donde pueda encontrar mas testimonios de soldados. Gracias

Anónimo dijo...

Buenas tardes. Tengo que elaborar una carta en primera persona, como si fuera un soldado francés.
Me puede ayudar alguien y darme ideas sobre qué poner?
Muchas gracias.
BUENA ENTRADA!!

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